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30

junio

Paraguay: Carolina Marín y un fallo que la vuelve a matar a golpes

Por Norma Duarte*

Carolina Marín, una niña de 14 años, menudita, pequeña, no tenía mamá ni papá. Su mamá falleció, de su papá no sabemos nada. A los cuatro años la entregaron a un hogar de niños en Caaguazu, y a través de un acta la entregaron a la Señora Ramona Melgarejo y su marido, quedando a cargo de ellos, para ser protegida, amada y para que pudiera crecer en familia.
Recién en el año 2014, o sea a los 12 años Carolina tuvo su cédula de identidad, tenía 14 años y estaba en quinto grado.
Carolina vivía con Ramona Melgarejo, docente jubilada y encargada de registro del Registro Civil en Vaquería – Caaguazu y su actual pareja, Tomas Ferreira, militar retirado.
Carolina se convirtió en la “criadita”, en la “que era mirada de manera diferente por su patrón”, no fue la hija amada, protegida que debía ser, según el compromiso de Ramona Melgarejo. Compromiso plasmado en una simple acta.
Ramona Melgarejo y Tomas Ferreira no son sus padres, ellos la tenían de manera ilegal, sin una orden de abrigo, de guarda ni de ninguna otra figura. Dicen que no pudieron hacer la adopción porque Carolina no tenía sus papeles. A esta altura, me veo en la necesidad de volver a aclarar que Carolina es una niña de 14 años, no un perro con pedigree, y que la pareja Ramona y Tomas tenían todas las condiciones materiales e intelectuales para hacer todos los procedimientos para regularizar y legalizar la adopción de Carolina. No lo hicieron porque no tenían la intención, porque no querían hacerlo, porque Carolina estaba para “servir”, a cambio de un plato de comida, una cama y un techo.
El 20 de enero de 2016, Carolina muere. Era una niña, ya no puedo hablar de ella en presente. Carolina murió a causa de un schok hipovolémico, es decir por hemorragias internas producto de una fuerte golpiza que le dieron sus patrones. La mataron a golpes, la dejaron primero agonizando durante cuatro horas en la casa y luego la llevaron al hospital donde murió pues ya no había nada que hacer.
La habían matado a golpes, a la criadita, y Ramona Melgarejo seguía trabajando en su oficina del Registro civil que estaba en su propia casa y Tomás Melgarejo estaba en la casa, no había pasado nada, “solo habían corregido” a una sirvientita y se les fue la mano.
Luego de la lucha incansable de organizaciones de Derechos del Niño y de la constante movilización de la comunidad Vaquería y de sus autoridades locales, la fiscalía profundizó la investigación y se llegó al juicio oral y público.
El 14 de junio de 2017 se dio la sentencia. El Tribunal presidido por Nimia Guanes, y compuesto por Ángel Fiandro y Víctor Vera Valloud, dio el siguiente fallo: 15 años de reclusión a Tomás Melgarejo, porque consideró que hubo dolo, pues al golpear de la manera en que lo hizo, sabía que podía matarla. A 7 años para Ramona Melgarejo porque tuvo participación pero de manera indirecta. Tomó esta decisión basado en el testimonio del adolescente, que trabajaba en la casa en ese momento y que vio lo que había pasado. Vio cuando empezaron a dar la golpiza a la niña, vio cuando Ramona Melgarejo fue a buscar la rama con la que golpearía la espalda de la niña al punto de reventarla internamente, vio cuando Tomas Ferreria empezó a darle patadas y puñetazos, uno de los cuales le reventó el bazo.
La Fiscalía, la querella adhesiva, las organizaciones sociales, de defensa de los derechos del niño y todo un país, que a través de las redes sociales se manifestaba, exigíamos castigo ejemplar para que no haya “Ni una Carolina Más”. El castigo ejemplar debía ser una condena de 30 años para los dos. Porque los dos la golpearon, la hicieron sufrir hasta la muerte. Debía ser un castigo ejemplar porque el Estado Paraguayo, a través de la administración justicia debía dar un mensaje clave, definitivo acerca de su posición frente al criadazgo y a la protección de los Niños y de las Niñas.
Pero el Tribunal no vio nada de eso:
El Tribunal entendió que “No hubo violencia intrafamiliar” que amerite una condena mayor a Ramona Melgarejo y a Tomas Ferreira.
El Tribunal entendió que “No hubo falta del debido cuidado” porque vio unas fotos de Carolina cuando tomó la primera comunión y en un cumpleaños. Porque no hay registros de denuncias anteriores de maltrato. El Tribunal no vio qué había detrás de las estáticas fotos, no vio que había una niña asesinada por las personas que debían cuidarla.
El Tribunal “No tuvo el objeto del delito”, es decir la rama o el objeto con el que Tomas Ferreira y Ramona Melgarejo golpearon el cuerpecito de Carolina.
El Tribunal “No escuchó” los testimonios de médicos, miembros de la comunidad, especialistas en medicina legal.
Para este Tribunal el cadáver de Carolina no es prueba suficiente de violencia intrafamiliar.
Para este Tribunal la agonía y la muerte de la niña no son evidencias de falta del debido cuidado.
La sentencia de este Tribunal nos corrobora una vez más que en nuestro país, en Paraguay, el valor de la vida depende de la clase social. Nos dice que una niña o un niño, si es pobre, puede ser entregado por un acta, como una cosa, que no tiene derechos, que no es persona. Nos dice que avala el criadazgo, porque esta muerte se dio porque hubo “ira originada en un hecho que desató la reacción de Ramona Melgarejo y Tomas Ferreira”. Este Tribunal nos quiere hacer creer que Carolina tuvo la culpa de su muerte porque generó la ira de sus patrones, así, claro, sus patrones, no sus padres.
Este Tribunal, este Estado, esta Administración de Justicia acaba de matar a golpes por segunda vez a Carolina Marín.

*Miembro de la Asociación Callescuela y de la Articulación “Ni una Carolina Más”

 

Fuente: Periodico Digital E’a

- Molacnats, ,

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